El Changüisero

Blog de la Cultura y Sociedad Guantanamera

By

“Mi abuelo era cagüeiro, y el otro haitiano”

Foto: Eliardo Del Toro Brines

Dicha frase la repitió varias veces Julio Melquiades Castellanos Santaclara, oriundo del Alto de Boquerón, en el hoy municipio de Manuel Tamés, mientras conversaba con mi amigo Eliardo del Toro y conmigo cuando lo visitamos en su bohío, en alusión a la herencia mágica-religiosa legada de sus dos antecesores, practicantes de la religión africana, el vodu y otras creencias campesinas que se transmiten de una generación a otra en las montañas del Alto Oriente cubano.

Además de poner en práctica el cagüeirismo (ser mítico que se transforma en animal ante un momento de peligro) y las reglas de osha y el palo, el noble hombre parlanchín, conoce muy bien los secretos del monte, de las plantas medicinales, el cambio de clima, y el cultivo de la tierra, sapiencia que adquirió mediante la observación de su entorno, el estudio como profesor de escuelas en el campo y la meditación sobre las experiencias vividas que lo llevó a cumplir misión internacionalista en Angola, Etiopia y Vietnam entre los años 70 y 80.

Ahora en su propiedad, ubicada en el pimpollo de una de las colinas desde donde se admira todo el valle de Guantánamo, Julio acondiciona la tierra para la siembra de tomate cimarrón, plátanos, malanga, frijol gandul, tomillo, y otros cultivos tratados con bio-fertilizantes como el árbol del neem y la albahaca africana para alejar las plagas, “así cuando las personas consuman los productos no les afecta el estómago porque son alimentos frescos, tratados sin químicos que degradan también el suelo y al suelo hay que cuidarlo”, me explica el augur entre sus dicharachos y refranes del argot campechano que lo convierten en un excelente anfitrión.

En su labranza diaria por devolver la humedad a la tierra, en estos días afectada por el periodo de sequía, ha creado barreras naturales para evitar el desliz del suelo con elementos que le regala la naturaleza, además de la plantación de quince matas de aguacate, guayaba, guanábana y otros frutales para repoblar el área dañada por eventos naturales o la acción del propio hombre.

Con estas producciones que le sirven de autoconsumo, según me contó el agricultor de 60 años, aún fornido y con varios proyectos en mente, pretende abastecer el cercano restaurante del Zoológico de Piedras, sitio reconocido como “Patrimonio de la Cultura Nacional” donde también sus abuelos, tíos y primos ayudaron al escultor Ángel Íñigo a crear las fabulas inscritas en las rocas dispersas en un cafetal.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *