El Changüisero

Blog de la Cultura y Sociedad Guantanamera

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Encuentro con la diáspora guantanamera desde el changüí

Abraham Mansfarrol, percusionista.Por: por MsC. Yaremi Estonel Lamoth

Diáspora es sinónimo de éxodo, marcha, ausencia, separación. Lleva consigo un proceso en el que se producen nuevas adaptaciones a un medio, muchas veces, inexplorado. En este período de desarraigo, el ser humano busca disímiles maneras de ver y asumir la vida y las cosas que lo acompañan fuera de su contexto, creando un modo de subsistir a la añoranza. Aunque, en la búsqueda de algo diferente, lo inunde la pesadumbre que un día lo hizo descubrirse en algún lugar del mundo, imposible de separarse de sus orígenes.

En el arte, específicamente, ya sea la literatura, la plástica, el teatro, la danza o la música, la creación es el alivio, es una especie de refugio y reencuentro con el pasado, desde una óptica diferente. Es una manera de mantener viva el alma y el espíritu en constante lucha con la nostalgia.

Guantánamo tiene el privilegio de poseer, en su autenticidad musical, géneros como el nengón, el kiribá o el changüí, además de la tumba francesa. Estos, por decirlo de alguna manera, son únicos y casi exclusivos de esta parte del planeta, y se renuevan en el tiempo, asumidos por estéticas novedosas. Para algunos de nuestros músicos, tanto en Cuba como en el exterior, esta realidad se ha convertido en un modo de subsistencia, no solo en lo económico, sino también en lo afectivo.

Los músicos guantanameros, desde la diáspora, se mantienen aferrados a sus raíces. Nombres como los de Noel Savón, Lorenzo Cisneros “Topete”, Rafael Matos, Rafael Sotomayor, Jorge Luis Sosa, Enildo Rasúa y Jorge Brauet (hijo) por solo mencionar algunos, han hecho de su identidad musical una coraza indestructible.

Hoy, una nueva hornada de otros talentosos nacidos en esta ciudad del Guaso, traza una huella en el panorama musical contemporáneo. Yelsy Heredia, contrabajista, y Abraham Mansfarrol, percusionista, desde la distancia, encuentran motivos para reflejar en sus producciones discográficas una visión diferente de lo más raigal de la identidad musical guantanamera y cubana.

En el caso de Mansfarrol, no solo está influenciado por reconocidas agrupaciones de la música popular cubana bailable e instrumental, como él mismo ha planteado, sino también por importantes changüiseros como Antonio Cisneros Arnaud, Ñico ya, uno de los más carismáticos en la historia del género, quien lo introdujo en el changüí.

Precisamente a él dedica el tema Utopía Guantanamera, obra que da título al CD del mismo nombre, donde muestra, desde su virtuosismo como percusionista y a partir de las bondades que le facilita el jazz, una evidente necesidad de acercamiento y homenaje a la música guantanamera y cubana.

Según sus propias declaraciones: “… en el país donde me encuentro, defiendo mi identidad, trabajo en dos conservatorios donde enseño la percusión cubana y hago hincapié en el nengón y el kiribá, como introducción para comenzar a tocar el bongó y los ritmos cubanos (…) El changüí es una fuente de inspiración de la cual utilizo sus detalles y sutilezas para mezclarlo con otros géneros musicales cubanos o africanos”.

No es novedosa la incursión de intérpretes y autores guantanameros, desde el exterior, en las zonas más sensibles de la música de este terruño. Mucho nos ha llamado la atención Yelsy Heredia primero con el tema Orgullo Guantanamero, interpretado por el grupo del cantante de música flamenca Diego, el Cigala, al que pertenece, y luego con el CD Camino a Maisí.

Este último fonograma me sugiere, desde su estética, lo mismo un paseo por La Loma del Chivo que por la serranía guantanamera, al adentrarse en sus más arraigadas tradiciones músico-danzarias, la rumba, la conga, el changüí y la tumba francesa, además de incluir otras propuestas que completan el fonograma en su afán de incursionar en diferentes aristas de la música cubana.

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