El Changüisero

Blog de la Cultura y Sociedad Guantanamera

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Calo y río con Komotú

El grupo humorístico guantanamero debe superar la alta varilla de su propio andar para evitar el tentador peligro de repetirse.

El último espectáculo de Komotú “CaloRías” en el Teatro Guaso de Guantánamo volvió a llenar las cercas 800 butacas y sillas improvisadas, ante la gran concurrencia en la principal sala de la ciudad más oriental de Cuba; incluso repitieron la función, a petición del público, los dos fines de semanas consecutivos ulteriores.

Los sketch, parodias, sátiras y juegos de palabras, con el aguzado sentido de la reflexión sobre las convivencias y vicisitudes de los cubanos, y fundamentalmente, de los guantanameros “de a pie”, vuelven a hacer sonreír y hasta carcajear a los espectadores citados en el Guaso los días 25 y 26 de agosto, y luego el 1ro y 2 de agosto.

Sin embargo, como asidua que soy a las presentaciones del multipremiado grupo en los más exigentes festivales de humor del país, tengo apreciaciones que hacer al respecto.

Se sabe que el colectivo ha sido sopesado por la crítica como uno de los más reconocidos que ha logrado atraer a otros homólogos hasta la provincia más oriental del archipiélago, para probarse ante el público de esta urbe.

Observé en CaloRías una repetición de la proyección escénica de los actores y personajes, que quizás apenas cambian los nombres y bocadillos. Ejemplos: el papel de Rabindranath Maljama, “adivino indú” interpretado por Alexis Ayala, director del grupo, el de Miguel Moreno (La Llave), con el sketch sobre los cines, y la actuación de Yasnay Ricardo, con el de la madre y su hija Yemayanki. Me pareció como si ya los hubiera visto, era previsible su desarrollo e incluso no pude evitar que me invadiera el tedio.

Por su parte, el monólogo de Anachelis Matos fue bien logrado desde su guión, interpretación y la profunda mirada que, entre bromas y veras, consigue proyectar sobre el tema del cuidado de los ancianos, realidad que le atañe muy perentoriamente a Cuba y los cubanos de hoy.

Komotú, unidad artística del catálogo del Centro Promotor del Humor y arrasadores en los premios del Festival Nacional Aquelarre, desde su inicio en 1994 ha sido el grupo por excelencia de los guantanameros, quienes se vanaglorian de poder disfrutar siempre de sus propuestas de alta calidad, capaces de llevar a escena abierta e inteligentemente situaciones cotidianas para hacernos reír de nuestras propias desgracias (como se dice a lo cubano).

Sus representaciones atacan con penetración la impotencia común de la gente de resolver definitivamente sus quejas sobre asuntos como la moral de doble rasero, los dilatados mítines laborales para discutir los mismos asuntos, el insuficiente salario de los trabajadores, la falta de eficiencia en los servicios, la escasez cotidiana de recursos necesarios y la burocracia, este último, al parecer, eterno mal social.

Pero, en ese momento, atenta yo al discursar de “CaloRías” desde mi palco en el Teatro Guaso no pude evitar pensar en las propuestas anteriores de “Asamblea de ladrones”, “Adorable mentira”, y “El Muro”, esta última de las más recientes entregas, así como en la interpretación de Miguel Moreno como La Llave y guionista de programas de gran audiencia de la televisión cubana, como “Deja que yo te cuente”.

Inevitablemente la mirada va hacia esos hitos marcados en la varilla que mide la altura alcanzada. Se echa de menos la iniciativa superadora que sorprenda legítimamente con frescura al espectador. ¿O es que ya hay signos de agotamiento? ¿Acaso se ha entrado en una etapa de repeticiones? Esperemos por nuevas señales de mayor esperanza para seguir riendo Komotú.

 

 

 

 

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